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viernes, 29 de julio de 2016

Cómo disfrutar de las vacaciones sin conflictos de pareja



Llega el merecido descanso vacacional y, después de todo un año de rutina y estrés, nos enfrentamos a nuestro deseado tiempo libre y, a veces, también llega la incómoda pregunta de qué hago para disfrutar de estas vacaciones.

Durante el año, las parejas están tan ocupadas con sus quehaceres que no tienen tiempo para dedicarse el uno al otro, para quererse, ni siquiera para cansarse el uno del otro o discutir. Pero llegan las vacaciones, el tiempo libre y es cuando viene el problema, sobre todo si no se comparten las mismas aficiones, los mismos puntos de vista y, a veces, incluso se agravan cuando hay niños de por medio en la pareja.

Las estadísticas muestran que es precisamente tras las vacaciones cuando se produce un mayor número de divorcios y de rupturas en las parejas. Si bien es cierto que no se le debe echar la culpa en sí mismas a las vacaciones, sino que suele tratarse de relaciones en las que ya existía una crisis previa y que, a raíz de pasar más tiempo juntos, se acentúan las diferencias y, con ello, las discusiones.

Vamos a señalar las circunstancias que suelen acarrear la mayoría de los conflictos y algunas claves para evitar que sucedan:

# Problema 1: La planificación de las vacaciones

El destino elegido, la fecha o la duración del viaje pueden desencadenar una discusión de pareja. Probablemente a uno le gustará más la playa y al otro la montaña o las visitas culturales; uno prefiera hacer planes de día y al otro le guste trasnochar…

Solución:

Es importante ceder y ser flexible, ya que no es bueno que sea siempre el mismo de la pareja el que se sacrifique, así que debemos tratar de llegar a una solución de compromiso o de buscar un término medio.

Otra posible solución consiste en dividir las vacaciones en dos partes con actividades muy diferentes para que ambos queden satisfechos. O incluso turnarse en la elección del tipo de vacaciones un año cada uno. Recuerda que las posturas inflexibles fomentan la negatividad en la pareja, se trata de disfrutar del tiempo juntos, no de convertirlo en un pulso a ver quién gana.

Además, es importante involucrarse en la preparación y planificación de las vacaciones, que tu pareja te vea participativo e ilusionado ante la perspectiva de unos días juntos. Recuerda que las vacaciones son de los dos y, si no te gusta el plan establecido, pronto se pondrá de manifiesto. Además, si no colaboras, pensará que ya no tienes la misma ilusión en pasar un tiempo a solas que al principio de la relación.

# Problema 2: Entretener a los niños

Los hijos son una bendición para la pareja, pero también a menudo son una fuente de conflictos, sobre todo si no se coincide en la forma de educarlos. También con frecuencia muchas parejas suelen cargar desigualmente las tareas del hogar y eso crea mucha frustración. En vacaciones, nuestros hijos rompen con los horarios y disfrutan de mucho tiempo libre, ya que no tienen colegio, y a menudo sobrepasan nuestro aguante con su derroche de energía. Además los niños se suelen portar peor ya que se ven el centro de atención y tratan de monopolizar a sus padres.

Solución:

Comparte las tareas con tu pareja durante las vacaciones. Ahora no hay excusas ya que los dos tenéis el mismo tiempo libre: todo el día. Ayuda a preparar la comida o la cena. Así de paso pasaréis más tiempo juntos y fomentareis la complicidad, ya que el sentimiento de apoyo es fundamental en la pareja. También es un buen momento para pasar más tiempo con tus hijos y participar de actividades deportivas o recreativas.

# Problema 3: Aburrirse

Mucha gente tiembla ante la perspectiva de pasar todo el día con su pareja. A veces no sabemos de qué hablar, algo de lo que no nos damos cuenta durante el resto del año, ya que, con las prisas, nos falta tiempo para comunicarnos. Es en las vacaciones cuando la rutina nos acaba pasando factura.

Solución:

Recuerda que el aburrimiento es subjetivo, es decir, una pareja puede divertirse viendo una película sentados en el sofá de su casa mientras que otra lo hará estando en la isla más exótica y alojada en un carísimo hotel. Si nos aburrimos con nuestra pareja, suele ser consecuencia de otros problemas como la falta de comunicación, la rutina… Así que no hay excusas. Aprovecha este período para conversar de las cosas pendientes y ponerte al día de aquellas cosas que te preocupan. La comunicación es uno de los pilares fundamentales de cualquier relación de pareja. Las vacaciones también son el momento ideal para planificar nuevos proyectos en común de cara a la vuelta, eso hará que la ilusión se recupere.

# Problema 4: Agobiarse

Acostumbrados a compartir un par de horas al día durante el resto del año, se nos puede hacer asfixiante estar las 24 horas del día juntos.

Solución:

No es necesario que pasemos todo el día pegados. Es beneficioso que cada uno tenga su espacio. Una solución es quedar por separado con amigos y familiares. Si estás fuera de tu ambiente habitual, aprovecha para pasear algún rato tú solo o aprovecha para hacer alguna actividad de ocio que no puedas compartir con tu pareja.

# Problema 5: Dramatizar

Llevamos tanto tiempo soñando con nuestras idílicas vacaciones que, de repente, no podemos aguantar la tensión de que algo no salga como era lo esperado.

Solución:

No dramatices ni des más importancia a las cosas de lo que realmente tienen. Que el tiempo no acompaña para salir a estar en la calle, pues visita un museo. Que el apartamento es un desastre, eso no se puede convertir en el fin del mundo; el año que viene no lo volverás a reservar y punto. No dejes que situaciones de este tipo arruinen tus vacaciones. Afronta los contratiempos con positividad. Recuerda que pensar en negativo no sólo te afecta a ti, sino a la ilusión que compartes con tu pareja en esos días. Se trata de estar juntos, lo que nos rodea no debería ser tan importante.

# Problema 6: Exceder el presupuesto

Es habitual que en la pareja haya uno más conservador a la hora de gestionar el presupuesto vacacional que el otro. Como consecuencia, la organización se convierte en un tira y afloja en cuanto a los gastos que vamos a realizar.

Solución:

Habla con sinceridad con tu pareja sobre los gastos que quieres hacer. Muchas veces nos callamos por vergüenza al qué va a pensar de mí y no somos sinceros, lo cual nos produce angustia y tensión. Se pueden hacer muchas cosas con tu pareja, sin necesidad de gastarse mucho dinero. Para disfrutar de las vacaciones, pasar unos días románticos y convertir estos días en algo inolvidable, hay muchas actividades maravillosas que no exigen ningún dispendio: desde ver una puesta de Sol o bailar en una terraza. Sobre todo, hay que valorar lo que se tiene y no agobiarse por aquello a lo que no podemos acceder.

# Problema 7: Vacaciones en familia

Padres, hermanos, cuñados, suegros… puede ser un cóctel explosivo, ya que irse de vacaciones con la familia puede ser maravilloso, pero también una fuente de discusiones.

Solución:

Es necesario ponernos en el lugar del otro para entender cómo le puede estar afectando comentarios o comportamientos por parte de nuestra familia. Ponernos en su lugar favorece la empatía. Recuerda que las intromisiones, ya sean bien o malintencionadas, siempre causan profundas brechas en una relación de pareja. La falta de apoyo en esos momentos puntuales crea un sentimiento negativo de frustración o un pensamiento de que “el otro” te ha fallado. La actitud solidaria debe ser una de las constantes vitales de la pareja.

# Problema 8: Vacaciones con amigos

Suele resultar muy divertido pasar unos días con unos amigos siempre que con ello no estemos ocultando problemas en el trasfondo de la pareja. Hay gente que evita pasar tiempo a solas y elige un tipo de vacaciones que impidan las discusiones o la confrontación o para no aburrirse.

Solución:

Lo más importante es ser sincero con uno mismo y hablar con tu pareja. Es probable que los dos sintáis lo mismo. Toma tus vacaciones como una oportunidad para mejorar tu relación en pareja. Si lo vuestro va viento en popa y decides pasar unos días ‘locos’ con amigos, recuerda reservar momentos de intimidad para pasarlos a solas.

# Problema 9: Más o menos sexo

La falta de tiempo, el estrés y el cansancio acumulado hacen mella en el deseo sexual durante el resto del año. Las vacaciones parecen el momento idóneo para que la relación sexual se reavive. Si eso no sucede de forma espontánea, podemos sentirnos desilusionados o frustrados.

Solución:

Habla con tu pareja con sinceridad del tema. A lo mejor estás demasiado agotado por el estrés que vives el resto de año y necesitas un poco de tiempo para descansar y recuperar la pasión. Nunca es bueno forzar este tipo de cosas. El deseo debe surgir con naturalidad. Si sucede este tipo de problemas, no se debe tomar nunca como un rechazo. Al contrario, trata de utilizar todo tu erotismo para sentirte deseable y acaparar de nuevo la atención y la pasión de tu pareja.


jueves, 30 de junio de 2016

Tips para que no desaparezca tu libido



PUBLICADO POR AMALIA PANEA (WOMEN’S HEALTH)

Es la mecha que enciende tus pensamientos calientes y la que hace que quieras arrancarle la ropa a tu chico con solo intercambiar un cruce de miradas. Sí, la excitación sexual es un proceso asombroso… si funciona. “La falta de libido es el motivo más importante por el que una mujer pide ayuda y un tema que obsesiona a científicos y compañías farmacéuticas”, apunta Marta Ibáñez, sexóloga de Vida Sexual y Pareja. A mediados del año pasado se aprobó en Estados Unidos Addyi, la “viagra femenina”, un medicamento “objeto de gran controversia”, según Carlos San Martín, doctor en Medicina, sexólogo, psicoterapeuta y secretario general de la Academia Española de Sexología y Medicina Sexual.

“El deseo en la mujer es multifactorial. Y aunque este fármaco pueda mejorar la  respuesta cerebral, si no se abordan otros factores, desconfío de su eficacia”, añade. En todo caso, se trata de una nueva vía de investigación... y la esperanza para libidos en “modo hibernación”.

¿Qué podemos hacer para que no desaparezca el libido? Aquí van algunos consejos:

1. Imagina tu libido como un coche con dos pedales opuestos: el sistema de excitación sexual (SES), que la enciende, y el sistema de inhibición sexual (SIS), que la ralentiza o apaga. Ambos se equiparan en tu cerebro, pero en algunas mujeres (por las hormonas, por cuestiones genéticas u otros factores), un lado es más fuerte que otro. Aunque el cerebro no es el único artífice del subidón sexual, “para la generación de deseo y excitación necesitamos una lectura positiva de la situación erótica”, explica San Martín, en la que influyen los pensamientos fantasías sexuales, el interés en el encuentro y hasta tu ciclo vital. Pero, aún encontrándote baches (unos calzoncillos tipo tanga, por ejemplo), tu cerebro puede ser capaz de excitarte si eres paciente y sabes enfocarte en el placer y no en la lista de la compra.

2. Trío estrella. “Imágenes eróticas, caricias y susurros son los mayores inductores del deseo, aunque la imaginación puede generarlo por sí sola, a través de las fantasías sexuales”, afirma San Martín. “Algunos olores y ciertos masajes también liberan dopamina, que conecta áreas corticales paralímbicas que desatan el deseo”, añade. ¿Nuestro consejo? Ponte ropa interior hot, perfúmate, dale un masaje erótico y usa un lenguaje subido de tono.

¿Es cierto que no tener relaciones durante un tiempo puede hacer desaparecer mi libido? Y al contrario, ¿cuánto más sexo, más deseo? La experta Ana Belén Carmona Rubio, sexóloga y psicóloga en Lasexologia.com y profesora del Máster en Sexología de la Universidad Camilo José Cela, contesta: “El deseo tiene mucho que ver con la satisfacción. Si las relaciones eróticas que mantienes no son placenteras, tiende a reducirse. Y lo peor, si se entra en esta dinámica, las razones para tener relaciones acaban siendo complacer al otro, presiones varias o sensación de obligación, aspectos muy alejados de la libido. En cambio, si los encuentros sexuales merecen la pena, suelen fortalecer el deseo. Si se ha caído en la dinámica de hacerlo sin muchas ganas y esto es lo habitual últimamente, es el momento de consultar con un sexólogo. Para las mujeres que disfrutan a solas, tengan o no pareja, fantasear o masturbase son elementos que suelen fortalecer la libido”. Tomamos nota.


lunes, 7 de diciembre de 2015

¿Qué condón te sienta mejor?



La variedad en cuanto a formas, colores y sabores hacen del preservativo un elemento lúdico y erótico más en las relaciones

Las nuevas generaciones están relajando el uso de métodos preventivos de enfermedades de transmisión sexual


En la vida existen dos grupos de hombres: aquellos que piensan que el preservativo resta sensibilidad y placer a las relaciones sexuales y aquellos que disfrutan del mismo modo con él que sin él. ¿De qué lado estás tú? Si eres de los primeros, probablemente sea porque aún no hayas encontrado el preservativo que mejor se adapte a tus necesidades. O porque aún vivimos una sociedad cargada de prejuicios donde se ve al preservativo como un enemigo necesario y no como un elemento fundamental de las relaciones. O porque aún no sabemos que un condón puede convertirse en un ingrediente sexual más que, dentro del repertorio erótico de una pareja, puede dar mucho, pero que mucho juego.

Los expertos en la materia lo tienen muy claro: "Hoy en día la variedad de preservativos en cuanto a facilidad de uso, formas, colores y sabores nos permite un ingrediente lúdico y erótico en su empleo" asegura a EL MUNDO Carlos San Martín Blanco, doctor en Medicina, sexólogo y director del Centro Interdisciplinar de Psicología y Salud (Cipsa) de Santander. Por ello, mantiene el experto, "no debe ser su uso como un inconveniente sino como un aliado que solemos recomendar para que entre a formar parte de la propia erótica de la pareja".

Es cierto que los clichés en cuanto al preservativo han cambiado mucho en los últimos años, de hecho los resultados de un estudio norteamericano publicado hace dos años en la revista The Journal Sexual Of Medicine, una de las más prestigiosas en esto de la salud sexual, mostraban reacciones positivas hacia él. Las calificaciones de sexo de una muestra representativa de hombres y mujeres de entre 18 y 59 años eran en gran parte bastante altas, con pocas diferencias basadas en el condón y el uso de lubricante.

Mitos y leyendas. Pese a todo, sigue habiendo detrás del preservativo muchos mitos y leyendas urbanas que los jóvenes y no tan jóvenes siguen creyendo a pies juntillas. Por ejemplo, eso de que no se siente el mismo placer, que resta espontaneidad al encuentro sexual o que en el momento de ponerlo puedes perder la excitación y por tanto, la erección. "Todo esto, no son más que mitos", afirma Oscar Ferrani, divulgador sexual y colaborador de Amantis.

"Si piensas así es porque no has encontrado el preservativo adecuado para ti. Por eso, es necesario que veas, que pruebes y que elijas aquél con el que más cómodo te sientas", afirma este experto. Y eso es fácil porque hoy en día existen cien mil y una variedades. En esto del preservativo está todo o casi todo inventado: piensa en uno de un tamaño, color o sabor determinado y seguro que ya existe en el mercado. Incluso, como publicó EL MUNDO recientemente un grupo de jóvenes británicos ideó el condón semáforo que avisa de las enfermedades de transmisión sexual (ETS), aunque de momento es sólo una idea.

"Si encuentras de verdad el preservativo ideal para ti, te sentirás cómodo con él y el placer en las relaciones sexuales no cambia absolutamente nada", confiesa Ferrani. De tal manera que incluso, en el momento de ponerse el preservativo puede ser un momento de juego muy importante dentro de la relación y no de ansiedad como lo es para algunas personas.

Uso y desusos del preservativo. Es necesario que los jóvenes estén familiarizados con el preservativo porque no debemos olvidar que este método es fundamental para evitar embarazos no deseados y ETS, algo que pese a la mucha y accesible información que existe en la actualidad, siguen aumentando. De hecho, los últimos datos publicados señalan que una de cada cinco jóvenes españolas no utiliza ningún método anticonceptivo.

Según San Martín, "se está produciendo en relación a generaciones anteriores un cierto relajo en la necesidad de ejercer un sexo seguro. La percepción de enfermedades como el VIH/SIDA como no letales, genera un cierto exceso de confianza que se traduce en un descenso de la prevención".

Pese a todo, los jóvenes españoles sí usan el preservativo, o al menos así lo manifiestan. Según el estudio Daphne de 2009 que señala el doctor San Martín, los jóvenes españoles de entre 15 y 24 años son los que más dicen usar el preservativo de toda Europa. Casi el 60% afirma que es su método habitual. Eso sí, el 30% reconoce que no lo usa siempre por lo imprevisto de las relaciones (de juerga por la noche, con alcohol de por medio) o la euforia del momento. El estudio recoge el crecimiento del porcentaje de uso de anticonceptivos, que ya llega al 97%.

Por otra parte, y según la Encuesta de la Sociedad Española de Contracepción (SEC) de 2014, el preservativo es el método anticonceptivo principal utilizado por el mayor número de mujeres en edad fértil (31,3%), lo que representa el 42% entre aquellas que utilizan algún método anticonceptivo, seguido de la píldora (16,2%).

La píldora, en el segundo puesto. Analizando la evolución de diferentes datos, "observamos que el empleo del preservativo va disminuyendo de forma progresiva, sobre todo en las relaciones pseudoestables", afirma el doctor. Esto es, el preservativo se utiliza al comienzo de la relación pero según va avanzando y ésta comienza a ser más estable, su uso se desecha y empiezan a utilizarse otros métodos anticonceptivos como la píldora sobre todo, que es según las encuestas el segundo método más utilizado en España en la población en general.

Este hecho "genera una dinámica de monogamia seriada que expone a los jóvenes a un mayor riesgo de ETS", sostiene el profesional. Sin embargo, y teniendo en cuenta todo este panorama, "parece claro es que el preservativo es el método anticonceptivo principal más frecuente en todos los tramos de edad, si bien su utilización tiende a descender con el paso de los años", concluye.

lunes, 16 de noviembre de 2015

¿Quién ha dicho que el amor y el deseo sexual no pueden sobrevivir al tiempo?




Hay quienes pueden mirar con incredulidad a una pareja que lleva unida más de 30 años, pensando tal vez que el enamoramiento se les fue hace tiempo, que el deseo se esfumó hace aún más y que el sexo (o el buen sexo) es ahora un viejo recuerdo que guardan bajo llave en un rincón. Tal vez no les falte razón, porque ¿puede realmente, una pareja que lleva unida más de 20 o 30 años sobrevivir al peso y al paso de los años? ¿Es posible amar y desear con la misma intensidad del principio? Aunque pueda parecer utópico o algunos lo vean casi como una hazaña en nuestros días, todavía hay quienes a pesar del tiempo, mantienen muy viva eso que muchos llaman, la llama del amor. 

No sólo lo avala la experiencia de miles de parejas que siguen juntas hasta el final de sus días más enamoradas aún si cabe que el primer día, también la neurociencia ha demostrado que el amor y el deseo sí pueden sobrevivir al paso del tiempo. "Del mismo modo que hay relaciones que no aguantan, algunas sí lo hacen, y aquellas que sobreviven es porque han sabido conservar esa llama que sigue tan fuerte como cuando eran jóvenes", asegura a EL MUNDO Manuel Mas García, catedrático de Fisiología de la Universidad de La Laguna y director del Centro de Estudios Sexológicos (CESEX). 

Este profesor participó en el VI Encuentro de la Academia Española de Sexología  y Medicina Sexual, organizado por el Centro Interdisciplinar de Psicología y Salud (CIPSA), celebrado recientemente en Santander. En su ponencia, 'La neurobiología del amor y el desamor' expuso, entre otros temas, cómo la ciencia demuestra que una pareja madura que lleva unida muchos años, puede sentir igual o más que cuando era más joven: "La neurociencia nos corrobora que se puede llegar a edades avanzadas sin perder las ganas de amar, respecto a la juventud". 

Qué dice el cerebro. En relación al amor, se han hecho algunos estudios, sobre todo en personas jóvenes, que declaran estar muy enamoradas de sus parejas, mediante resonancias magnéticas y se ha comprobado cómo al exponerlas a fotos de la persona amada se produce una activación más intensa de ciertas zonas del cerebro que corresponden, sobre todo, a los llamados circuitos de recompensa cerebral como es, por ejemplo, el núcleo accumbens. Incluso, cuando se muestran fotos de la persona amada alternadas con otras fotos de personas del mismo sexo que el de su pareja, con grados similares de atractivo físico, el cerebro responde con una activación mayor cuando aparece la foto de la persona deseada. Además, "en estos estudios se ha comprobado que no hay diferencias entre hombres y mujeres ni tampoco en la orientación sexual. Los cerebros responden igual", aclara Mas. 

Estas investigaciones responden, sobre todo, a gente joven pero, ¿qué ocurre con el tiempo? En el año 2011, un estudio de la publicación Social Cognitive and Affective Neuroscience analizó la activación del cerebro en cuanto al amor en personas que tenían una relación larga (un promedio de 20 años). Según explica este especialista, a estas personas se les puso igualmente fotos de su persona amada junto con otras de personas del mismo sexo y parecidas en atractivo físico. Se vio que igualmente la zona correspondiente a los circuitos de recompensa cerebral (como el núcleo accumbens) se activó más cuando veían la imagen de su pareja y, además, hay una relación positiva con el tiempo que se lleve con esa pareja. "Es decir, a más años, más activación", afirma Mas. 

Del mismo modo, en estas mismas personas, se ve que hay otras regiones del cerebro como es el hipotálamo o el hipocampo que se relacionan también con la frecuencia de relaciones sexuales que mantengan. Por lo cual, subraya este especialista, "no significa que toda relación larga esté condenada a morirse de aburrimiento". 

Mantener la pasión. Como para casi nada en la vida, no existe una fórmula mágica, mucho menos si hablamos de amor. Sin embargo, sí hay ciertos elementos que unidos pueden ayudar a que una pareja siga tan viva como al principio. "Es clave que la pareja evolucione personal y relacionalmente de forma compatible. Que sigan compartiendo objetivos vitales, ilusiones y expectativas que sirvan para mantenerles unidos", expone Carlos San Martín Blanco, doctor en Medicina, sexólogo y director del Centro Interdisciplinar de Psicología y Salud (CIPSA), de Santander. 

El número de rupturas matrimoniales ha aumentado considerablemente desde 1981, año en que se aprobó en España la Ley de Divorcio. Por dar datos recientes, según el Instituto Nacional de Estadística, en 2014 se produjeron un total de 105.893 rupturas (sentencias de nulidades, separaciones y divorcios), lo que supuso una tasa de 2,3 por cada 1.000 habitantes. Según este organismo, el total de sentencias en 2014 experimentó un aumento del 5,4% respecto al año anterior. "En España, se separan o divorcian más de un tercio de las parejas y además lo hacen mayoritariamente al final de la primera década de convivencia", añade San Martín. 

Son muchas las causas de una ruptura pero fundamentalmente detrás de cada una de ellas se encuentra el desamor, el desencuentro y la frustración. "Todos estos aspectos pueden estar provocados por muchas razones y por muchos conflictos, pero el denominador común es el desamor", insiste este especialista. 

Pese a todo, existe una luz de esperanza, pues una pareja puede seguir fomentando toda la vida su relación erótica y es capaz de seguir mirándose desde el deseo. "Un deseo que se transforma a lo largo de los años pero que se puede seguir viviendo como un valor positivo. Hay que fomentar ese deseo intentando salir de la rutina y haciendo que sea deseable desear", concluye San Martín.

viernes, 16 de enero de 2015

Menopausia, sexualidad y salud



¿Qué clase de mujer madura quiero ser? ¿Cómo puedo vivir mi sexualidad tras la menopausia? ¿Seguiré resultando atractiva para mi pareja? Son interrogantes que muchas mujeres se plantean y cuya respuesta está condicionada por aspectos sociales y culturales. Sin embargo, el 60% de las mujeres entre 52 y 65 años tienen una vida sexual activa y este porcentaje aumentaría de no mediar mitos y prejuicios, abriéndose al mismo tiempo espacios para el asesoramiento y prevención de la pareja que atraviesa esta etapa de la vida.

Envejecer en una sociedad que alaba obsesivamente la belleza y la juventud puede convertirse en una difícil tarea. La mujer de más de 50 años se encuentra en un especial período de su existencia, en una crisis de vida en la cual es muy susceptible de ser influenciada por el medio social que la rodea. La familia, las pautas religiosas y los mitos, influyen de manera negativa para poder realizarse sexualmente y continuar con una actividad placentera que hasta hace poco disfrutaba de forma natural. Ese entorno social la llena de desaprobación, censura, vergüenza de su cuerpo y su sensibilidad, llevándola a un gran conflicto en el que se le hace sentir que la vejez es asexuada y que ya no es lícito ni aceptable el gozar de la sexualidad; que el amor y el romance son derechos sólo de los jóvenes.

Además, una mujer tras la menopausia puede pensar que su sexualidad se va a ver definitivamente afectada por causas médicas, pero es muy importante sensibilizarse en que el placer es una actitud de vida que proporciona intimidad, libertad, comunicación en pareja y consigo misma. Por todo ello, aceptar que la sexualidad sigue presente es poder mantener la capacidad de expresión física y emocional.

La menopausia, por tanto, no implica el cese de ninguna función diferente a la reproductiva aunque existen cambios que modifican la respuesta sexual pero que en ningún caso afectan la expresión de todos los sentidos, que siguen ahí para proporcionar placer. Es cierto que se producen cambios que pueden afectar al deseo, la excitación o el placer sexual. Es una época de modificaciones hormonales que condicionan cambios sexuales como la sequedad vaginal o la disminución del deseo, pero también es cierto que en algunos casos la solución puede ser tan sencilla como un lubricante vaginal.

El envejecimiento no es por sí mismo un factor que origine la disminución de interés sexual de la mujer, ni su capacidad de respuesta sexual. La mujer tras la menopausia puede mantener, generalmente, sus patrones de conducta sexual anteriores, los que presentaba en la juventud, hasta el final de la vida o hasta que aparece una enfermedad lo suficientemente deteriorante que lo impida. No obstante, el ciclo de la respuesta sexual de la mujer postmenopáusica lleva consigo una serie de cambios fisiológicos y anatómicos a nivel del aparato genital y de todo el organismo. Estos cambios van apareciendo de forma progresiva y no son los mismos en todos los casos.

Estrógenos y Progestágenos. Ya hemos comentado que tras la menopausia hay una disminución severa de la producción de Estrógenos y Progestágenos que son los causantes de los cambios que se producen en el aparato genital femenino. Los más frecuentes son que los ovarios disminuyen progresivamente de tamaño, el útero regresa a su tamaño prepuberal, la vagina se hace más corta y menos elástica y su pared más delgada. También disminuye la capacidad de lubricación lo que favorece que el coito pueda resultar doloroso.

Aunque la capacidad para tener el orgasmo no declina con el paso del tiempo, muchas mujeres de más de 55-60 años notan que sus orgasmos son menos intensos que cuando tenían menos edad. También al atrofiarse los ovarios disminuye la producción de andrógenos, que están relacionados con el interés y el deseo sexual. Otro cambio frecuente es el aumento de la sensibilidad del clítoris que produce un efecto incomodo al ser estimulado. Es frecuente que también las pautas de conducta sexual cambien para la mayoría de la gente a medida que se envejece y aunque alguna pareja mantiene la misma frecuencia sexual que tenía en la década de los treinta o cuarenta, lo más habitual es que disminuya el número de encuentros.

Pero si en algo insistimos los profesionales, es que el sexo no es cuestión de cantidad sino de calidad, por lo que este habitual descenso de la frecuencia sexual no es sinónimo de deterioro en la relación. Pese a estos posibles cambios, para muchas mujeres postmenopaúsicas esta etapa de su vida sexual es también un momento de reencuentro con su sexualidad y de experimentación de otras formas de vivir el sexo además del coito; el erotismo, la masturbación, las caricias adquieren para muchas mujeres un nuevo significado.

Para finalizar, me parece oportuno incorporar otro dato importante: muchas de las mujeres que han tenido conflictos con la sexualidad en etapas anteriores, o con sus vínculos psicoafectivos, serán las que presenten algunos de los síntomas y problemas mencionados. Estamos hablando de la historia personal, de la educación recibida y de la relación que cada mujer tenga con su propia sexualidad. En estos casos puede resultar aconsejable un apoyo psicológico capaz de reestablecer un equilibrio saludable.

Capacidad de adaptación. En cambio, aquellas mujeres que han vivido sin conflictos su sexualidad, con naturalidad, que se sienten plenas, sin traumas ni perturbaciones, atraviesan esta etapa del desarrollo con una capacidad de adaptación que les va a permitir seguir disfrutando de la misma e inclusive enriqueciendo la misma en calidad. Juegan también en ese sentido las propias ideas y prejuicios de la mujer hacia la menopausia. Quizá uno de los elementos a tener en cuenta es que muchas veces, los cambios físicos y psíquicos que se producen, son mal comprendidos y mitificados.

Todos sabemos que lo desconocido produce ansiedad por lo que no es extraño que algunas mujeres sientan que lo peor de la menopausia es que no saben qué esperar ni a quién recurrir en busca de ayuda. Pero son las mujeres las que van cambiando paulatinamente los conceptos. Ya no sólo son madres, también trabajan y participan a todos los niveles sociales y esto les permite también cuidarse y valorarse de manera que se minimicen las molestias propias del cambio hormonal que se produce en el cuerpo. Y ser siempre conscientes que acudir a la consulta de un profesional especializado puede servir para conocer y adaptarse mejor a esta segunda mitad de la vida. 

Dr. Carlos San Martín Blanco
Médico. Sexólogo. Psicoterapeuta Sexual, Familiar y de Pareja.
Coordinador del Centro Interdisciplinar de Psicología y Salud (CIPSA), de Santander.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

¡Feliz 2015... 20 años contigo!


Sabemos que el 2015 será un gran año. Para CIPSA porque celebraremos nuestro 20 aniversario contigo... y para ti porque serás protagonista de buenas noticias, proyectos ilusionantes, amores apasionados, historias que se tornarán en recuerdos únicos... Os deseamos lo mejor y no olvides que tu primer pensamiento del año sea positivo... Después, suma y sigue... hasta 2015!!!

viernes, 26 de diciembre de 2014

Sexualidad y depresión



Es muy común que diferentes tipos de enfermedades mentales y trastornos psicológicos puedan afectar a la sexualidad de quienes los padecen provocando incluso disfunciones sexuales. El término depresión deriva del latín “depressio”, cuyo significado es hundimiento, y como su nombre indica, este estado es vivido por quienes lo sufren, como una sensación de hundirse progresivamente sin poderlo evitar.

Es una enfermedad que puede afectar a cualquier persona y a cualquier edad, aunque hay personas más predispuestas que otras a sufrirla. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en torno a un 10% de la población de los países desarrollados puede estar padeciendo esta enfermedad mental, que afecta a los pensamientos, a las emociones, al estado de ánimo, a la salud física y al comportamiento.



Muchos estudios afirman que es más frecuente en las mujeres que en los hombres, estimándose que alrededor de un 25% de mujeres pueden tener predisposición a sufrirla. Este hecho se apoya en el descubrimiento de que el cerebro masculino produce un 52% más de serotonina que el de las mujeres. Y como la disminución de esta sustancia influye de forma importante en el desarrollo de la enfermedad, la probabilidad de sufrirla es tres veces superior en las mujeres que en los varones.

La depresión puede deberse a algún acontecimiento traumático o negativo o no tener relación con ningún acontecimiento vital y, en ambos casos, su severidad puede ser variable. Para reconocerla debemos identificar algunos síntomas típicos como tristeza profunda, humor depresivo, llanto fácil y constante, ideas de ruina y de ausencia de futuro o incapacidad para disfrutar con actividades que antes resultaban placenteras. Otras veces, los síntomas son más sutiles y aparece desgana, desánimo, pesimismo, pocas ganas de levantarse por la mañana, insomnio, trastornos en el apetito, etc.

Además, en los estados depresivos es muy común que desaparezca cualquier tipo de deseo sexual tanto en el hombre como en la mujer, aunque sólo en menos de una tercera parte de estos pacientes aparecen disfunciones sexuales severas, como disfunción eréctil en el hombre o anorgasmia en la mujer. En otras enfermedades mentales como la ansiedad y las fobias relacionadas con temas sexuales también hay un alto índice de disfunciones sexuales. En la esquizofrenia alcanza porcentajes superiores al 50%.

Consecuencias en datos
Sin lugar a dudas, en los pacientes con depresión lo prioritario es tratar sus síntomas y sus causas si fueran reconocibles, pero diversos estudios han demostrado además que los resultados terapéuticos mejoran si se realiza un tratamiento integral, que incluya el abordaje de otras consecuencias de la enfermedad, como pueden ser las sexuales. Dentro de los problemas sexuales secundarios a un estado depresivo, el bajo deseo sexual es el más frecuente y puede ser contextualizado como un síntoma más de la depresión.

En varones es frecuente además la aparición de disfunción eréctil que sucede entre el 16% y el 34% de los pacientes depresivos, aunque puede alcanzar el 90% en depresiones muy graves, lo que no es sólo debido a la enfermedad, sino también a la disminución del deseo sexual y a los efectos secundarios de los fármacos que usamos para el tratamiento depresivo. En el caso de las mujeres, el bajo deseo sexual alcanza el 85% de los casos, mientras que otras disfunciones sexuales como la anorgasmia aparece en el 35% o el coito doloroso en el 28%.

Pero además de que estos problemas sexuales sean una consecuencia directa del síndrome depresivo, muchos de los medicamentos más utilizados para tratar la depresión, como los ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina), que son eficaces fármacos antidepresivos, inducen disfunción eréctil como media en casi el 30% de los pacientes. También otros medicamentos utilizados, como la clomipramina, provocan trastornos sexuales hasta en la mitad de los pacientes, mientras la velanfaxina lo hace en un 36% de los pacientes y la risperidona en el 44% .

Cuando algunos de los pacientes que toman antidepresivos sufren, durante el tratamiento, algunos de estos síntomas sexuales e identifican al medicamento como responsable del mismo, no es infrecuente que tome la decisión de abandonar el fármaco antidepresivo, tan esencial para tratar su enfermedad. Sin duda, esta actitud supone un grave riesgo para su salud y puede ser evitada con una adecuada información al paciente sobre la importancia de la adherencia al tratamiento y sobre los potenciales efectos del fármaco sobre su sexualidad. Diversas investigaciones han confirmado que el tratamiento simultáneo de la depresión y las disfunciones sexuales, mejora la calidad de vida del paciente y ayuda a una recuperación más rápida de la enfermedad depresiva.

También es frecuente en estos pacientes el empleo de otros psicofármacos como las benzodiazepinas, medicamentos utilizados por su efecto ansiolítico ya que con frecuencia los síntomas de ansiedad se asocian a los depresivos. Aunque en el inicio del tratamiento de la depresión suelen estar indicados, se suelen retirar con rapidez en unas 3 o 4 semanas para evitar los problemas que su uso crónico conlleva, entre los que están el posible empeoramiento de la depresión (con incremento del riesgo de suicidio) o su capacidad de generar dependencia con necesidad de incremento de dosis. También estos medicamentos son responsables de algunos problemas sexuales entre los que vuelve a destacar el bajo deseo sexual.

La recuperación de los síntomas sexuales está directamente relacionada con la mejoría clínica de la depresión y con el empleo de fármacos eficaces, pero cuya capacidad de alterar la respuesta sexual sea la menor posible. Entre estos destaca la Mirtazapina, un potente y eficaz antidepresivo cuya influencia en la sexualidad del paciente es menor. Por todo ello, es esencial que el paciente pregunte al médico todas sus dudas sobre la medicación que va a ser necesario que tome durante varios meses y que el profesional sanitario no escatime explicaciones y cree el clima terapéutico necesario para que el paciente le confíe sus dudas, entre ellas la influencia de ese fármaco sobre su sexualidad. Como siempre, una buena comunicación médico-paciente es esencial para un adecuado cumplimiento del tratamiento.

Sugerencias para la pareja
La posición de la pareja del paciente con depresión no resulta habitualmente fácil. Por un lado, por el daño que le hace ver el grado de deterioro psicológico de su pareja, por otro por la frustración que con frecuencia le genera el no saber cómo actuar y, por último, por sus dificultades para entender algunos de los síntomas que aparecen dentro del trastorno depresivo.

Es común que los problemas sexuales asociados a la depresión supongan un elemento de incomprensión y desencuentro en la pareja y por eso es importante que seamos capaces de entender que son algo inevitable y que a quien primero dañan es a quien sufre la enfermedad y que la falta de deseo o de erección o de excitación, no son provocadas por desinterés o indiferencia hacia la pareja sino porque realmente hay un trastorno serio detrás que lo justifica.

La mejor forma de ayudar es mostrarnos disponibles y comprensivos hacia la enfermedad, contribuir al cumplimiento de las indicaciones terapéuticas que el profesional nos haga y fomentar un clima de afectividad que permita expresarnos emocionalmente de manera confiada, sin presionar o culpar al otro sobre su escasa disponibilidad sexual. Una actitud contraria puede hacer más costosa la recuperación del paciente deprimido y fomentar en éste sentimientos de culpa o de miedo al abandono.


Dr. Carlos San Martín Blanco
Doctor en Medicina. Sexólogo. Psicoterapeuta. Coordinador del Centro Interdisciplinar de Psicología y Salud (CIPSA). Académico permanente y Secretario General de la Academia Española de Sexología y Medicina Sexual.

martes, 23 de diciembre de 2014

¡Feliz Navidad!


Todo el equipo de CIPSA os desea una ¡Feliz Navidad!
Y os prometemos un año 2015 muy especial, que no se cumplen 20 años todos los días... Que no falten las sonrisas, los buenos propósitos, las miradas de cariño... Por nuestra parte, os prometemos muchas emociones... ¿Brindamos?

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viernes, 5 de diciembre de 2014

Sexo y alcohol


En diferentes estudios encontramos que hasta el 45 % de los hombres y el 68% de las mujeres consideran que el alcohol incrementa su disfrute del sexo. Este hecho de que la mayor parte de las personas consideren que el alcohol es estimulante, o al menos así lo perciban, y que aumenta su capacidad para la respuesta sexual, puede deberse a su efecto desinhibidor. Sin embargo y como ya señalaba Shakespeare "provoca el deseo pero frustra la ejecución". 

Tradicionalmente el alcohol ha sido considerado como un poderoso estimulante o excitante sexual, pero si revisamos los numerosos trabajos de investigación que se han realizado sobre esta relación a lo largo de los años, se ha constatado que, tanto en hombres como en mujeres, produce efectos negativos sobre las respuestas sexuales fisiológicas. Y es que el alcohol es un potente depresor del sistema nervioso, de forma que sus efectos se aprecian claramente tras la ingestión aunque tan solo sea de dos o tres copas. Pero pese a esto, muchas personas suelen ver al alcohol como una substancia que incrementa su funcionamiento sexual.

La realidad es sin embargo bien distinta ya que, como depresor del sistema Nervioso Central, disminuye el funcionamiento de los niveles superiores del cerebro, lo que permite una mayor autonomía de centros inferiores (zonas más antiguas del cerebro), entre ellos los implicados en las respuestas emocionales. Por ello, las emociones se amplifican al disminuir el mecanismo de control que supone la actuación de segmentos superiores cerebrales. La consecuencia de este hecho es que el alcohol puede alterar los comportamientos convencionales y hacer a la persona más relajada al permitirle perder el control sobre algunas de sus emociones y desinhibir conductas que ha aprendido a controlar en situaciones sociales.

De esta forma, puede facilitar la aparición del impulso sexual, pero dado que también inhibe partes del Sistema Nervioso Autónomo, que participan en la respuesta de erección, dificulta el que ésta pueda llevarse a cabo y en consecuencia dificulta la penetración y el coito. En el hombre, en concreto, dosis incluso inferiores a las que se establecen como limite legal para determinar si la persona está o no embriagada producen efectos de supresión de la erección. Así mismo, el alcohol debilita la intensidad del orgasmo masculino y hace más difícil la eyaculación. En las mujeres, incluso ingerido con moderación, dificulta la respuesta orgásmica.

Además de estos efectos reseñados, encontramos otros problemas añadidos que pueden presentarse con el uso del alcohol en el funcionamiento sexual. Si como hemos comentado, por los efectos fisiológicos del alcohol se produce un deterioro, aunque sea esporádico, en el funcionamiento sexual, como un falta de erección que dificulte la penetración, es posible que esta situación sea vivida como un fracaso por el hombre que la padece y comiencen a desarrollarse sentimientos de ansiedad asociados a la situación de interacción sexual. Estos sentimientos de ansiedad pueden generar una 'ansiedad anticipatoria', que en futuras relaciones dificulten nuevamente la respuesta de excitación sexual, en concreto la respuesta de erección, pudiendo establecerse de esta manera un circulo vicioso que lleve al desarrollo permanente de una disfunción en el hombre.

Así, en contactos sexuales posteriores el hombre se preocupará por si tendrá o no una erección adecuada. El miedo debido a que en las últimas ocasiones no haya conseguido una buena erección dificultará el que ésta se produzca con normalidad, lo que a su vez generará mayor ansiedad y miedo al fracaso cara a posteriores contactos. Cuando este circulo vicioso aparece, es difícil romperlo sin ayuda especializada. Por otro lado, el consumo continuado de cantidades de alcohol elevadas puede producir trastornos endocrinos, neurológicos y vasculares irreversibles, que reduzcan de forma permanente la respuesta sexual. Hay lesiones neurológicas y tróficas a nivel de los testículos y de los nervios periféricos o alteraciones hormonales que bajan el deseo sexual. 

Algunos autores lo colocan como la principal causa orgánica de disfunción eréctil y los actualizados informes del Instituto Kinsey señalan que aproximadamente el 50% de los alcohólicos crónicos presentan bajo deseo sexual y transtornos en la eyaculación.

EN FEMENINO. Para las mujeres el alcohol parece actuar inicialmente como un activador psicológico y un inhibidor físico. Su capacidad de excitación y de obtención del orgasmo suele verse disminuida incluso con dosis moderadas de alcohol. A largo plazo, su consumo crónico puede conducir a una disminución de la libido, amenorrea (falta de menstruación) e infertilidad. No hay dosis segura de alcohol durante el embarazo. No beba alcohol si sospecha que está embarazada ya que el alcohol tiene severos efectos tóxicos sobre el feto, pudiendo constituir el síndrome alcohólico fetal. Esta es una de las principales causas prevenibles de retraso mental y diferentes defectos de nacimiento.

El gran problema, sin embargo, es la falta de concienciación sobre estos efectos lesivos del alcohol, ya que éste suele estar asociado tanto a nivel cultural como social a situaciones y conductas placenteras. El deseo de beber sin límite buscando estos efectos cerebrales placenteros es la razón principal que lleva al abuso y su dependencia. No olvidemos, además, que detrás del consumo excesivo de alcohol se encuentran diferentes trastornos de conducta, dificultad en el trabajo, en el estudio y en la vida familiar con alternancias de agresividad o depresión y que además provoca graves accidentes automovilísticos.

CUESTIONES DE INTIMIDAD. Haber ingerido alcohol también puede impedir que te conectes emocionalmente con tu pareja sexual ya que tener sexo es una manera de acercarse íntimamente a otra persona. Pero hay personas que se dan cuenta de que ellas o su pareja sólo tienen sexo o participan en juegos sexuales cuando han tomado alcohol. Y es que además emborracharse o drogarse puede ser una manera de tapar —o cubrir— la inseguridad , la vergüenza o los sentimientos confusos sobre el sexo.

Según una encuesta de la Kaiser Family Foundation, cerca del 90% de los adolescentes dicen que los chicos de su edad usan drogas o alcohol antes de tener sexo. Además, el 50% de los adolescentes indica que sus compañeros frecuentemente mezclan sexo con drogas o con alcohol. Tener sexo es una decisión importante que requiere pensarlo claramente pero casi un tercio de los adultos jóvenes informan haber hecho "más sexualmente" bajo la influencia del alcohol y las drogas de lo que planeaban hacer mientras estaban sobrios. Mezclar sexo con alcohol u otras drogas también aumenta las probabilidades de un embarazo no deseado y de exponerse a infecciones de transmisión sexual.

Algunos datos acerca del abuso del alcohol y la actividad sexual:

• El 80% de las primeras experiencias sexuales ocurren bajo la influencia del alcohol.

• El 40% de los hombres creen que es aceptable tener relaciones sexuales con una mujer que está borracha.

• Cerca del 50% de las experiencias sexuales no planeadas ocurren cuando una de las dos personas está bajo la influencia del alcohol.

• En dos tercios de los embarazos no planeados, la mujer estaba ebria durante las relaciones sexuales.

• El 60% de las enfermedades transmitidas sexualmente se transmiten cuando las parejas están ebrias.


Dr. Carlos San Martín Blanco
Médico. Sexólogo. Psicoterapeuta Sexual, Familiar y de Pareja.
Coordinador del Centro Interdisciplinar de Psicología y Salud (CIPSA), de Santander.